Domingo

Quién lee estas cosas? Probablemente alguien todavía más aburrido que yo. Es domingo y odio los domingos por varias razones. La primera es que los relojes van mucho más rápido que cualquier otro día y reto a cualquiera a decirme lo contrario. Las manecillas vuelan de número a número como si al tiempo le urgiera que fuera lunes para empezar otra vez con las cosas que hacen de la vida una rutina. (Acabo de ver que rutina empieza con ‘rut’, indeed it is). Odio este domingo en especial porque es el último de vacaciones y es obvio que ya no estoy acostumbrada a esa rutina escolar que volverá a empezar mañana. Y un vago recuerdo de ella me grita que no me va a gustar re-acostumbrarme. Más razones por las que odio un domingo: no hay nadie en messenger, seguramente porque todos están crudeando (menos yo, que ya no tomo) (no es broma) en alguna parte donde venden mariscos y cosas muy picantes. Messenger cuando solo tu primo segundo, el hijo de la prima de tu mamá nieto de la tía Licha esta conectado y tiene 40 años y god bless him, no lo vas a creer, acaba de nacer su cuarto hijo, es increíblemente aburrido. La conversación es un castigo. Es escribir de compromiso. Y te escondes y te encuentra escondida con un nuevo programita para ver quién lo tiene bloqueado. The freak. Solo él y Newman (para los que ven Seinfeld) tienen ese programa. Así que tus niveles de adrenalina suben ligeramente y lo callas con un ‘jajaja- gotcha!’ y una pregunta cuya respuesta no tienes la menor intención de retener acerca de cualquiera de sus desagraciaditos hijos- que cómo se llamaban, again? Una razón mas: Los domingos tienden a recordarte cosas que talvez no quieres recordar. Tienes mucho mas tiempo para observar tu alrededor. Sobre todo tu cuarto, porque el desmadre acumulado te obliga a que recojas tantito para evitar cualquiera de estos dos eventos: que entre tu mamá y después de un monólogo acerca de la flojera te prive de tu muy relativa libertad o que una pareja de ratas homeless decida formar un nuevo hogar entre los cerros de ropa que te probaste y no se quiso dejar guardar. Y recogiendo es como aparecen cartas de la nada, y después del shock inicial de que no las tienes guardadas bajo llave y deberías, te sientas a leerlas sobre tu cama destendida. Y cuando acabas, te das cuenta de que pusiste un CD que te grabó el desgraciado ese que… y captas por qué te estabas empezando a deprimir. Entonces apagas el aparato con un movimiento brusco que rompe una piececita vital. Como si la gasolina no te estuviera consumiendo la mitad de tu dinero. Un gastito más, pero bueno, no puedes oír música hasta que lo arregles. Carajo. Y luego tus pensamientos se interrumpen con un grito de baja a comer! porque te llaman los que sí se despertaron temprano y fueron al gym y desayunaron yogurt con fruta y tienen hambre. Eso siempre sucede como alrededor de las 6 de la tarde, para irritar aún mas al reloj biológico. Y las opciones de comida siempre son cosas como de fast food, siendo que es el único día de la semana en que todos coinciden y podrían aprovechar para comer juntos slow food con vinito. Pero tu hermano está crudo y tuvo la iniciativa (fenómeno sobrenatural tratándose de tu hermano) de ir por fritangas, hamburguesas, pizza o algo similarmente carente de prahna y con proteína animal llena de hormonas. Una hora después de la ceremonia de fast food las mujeres se ven lavando platos en la cocina mientras los hombres se están sentando en frente de la tele porque ‘ya va a empezar el fut’. El puto fútbol. Y cualquier otra persona que como yo, sea anti-fútbol o anti-cualquier otro deporte que involucre a 11 hombrecitos corriendo de un lado a otro de un fondo infinito verde persiguiendo una bolita minúscula para tratar against all odds de meterla en un cuadrito defendido a capa y espada por otros 11 hombrecitos en 90 minutos, entenderá por qué digo ‘puto’ fútbol y no sólo fútbol. Y last but not least: los domingos te tienes que dormir temprano, aunque no tengas sueño, porque quién quiere empezar la semana cansado?? Te acuerdas de que ayer no hiciste nada y hoy tampoco. Todo para ver si el tiempo pasaba mas despacio si pasaba aburrido pero te das cuenta de que no sólo pasó igual de rápido sino que lo viviste viendo un reloj cruel en cuenta regresiva, como un robot aburrido con todas sus luces y sonidos prendidos para que se le acabe la pila mas rápido. (Es normal que no toda la gente entienda mis comparaciones.) Entonces te invade la culpa y te da insomnio, te acabas durmiendo en tu cama destendida horas más tarde de lo programado. Al otro día es lunes y es tiempo de estudiar o pretender que estudias mientras esperas el fin de semana, que en realidad sólo es el viernes saliendo de la escuela, cuando el reloj todavía no se puede reír.

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