N.

Ayer pensé en ti en medio de una cueva de sillar con goteras. Me acordé de tu restricción ausente para decirme las cosas como son y de la intensidad de tu mirada cuando me preguntas cómo estoy. Me acordé de nuestra botella de cava y de la carta verde con azul que me escribiste citando a Neruda, queriendo conocerme. Me acordé del video que me regalaste- con la belleza innegable de una cultura ajena. Me acordé del momento en que dibujamos con clavos sobre crayola y tinta china. Me acordé de tus descripciones culinarias y de cómo puedes dedicarte a eso si lo demás no funciona. Me acordé de cómo me hacías reír en la pista y de lo fácil que era hablar contigo. Me acordé de lo corta que se me hizo tu visita y de cuánto disfruté la carretera de ida y regreso.

Me dolió pensar en ti sin que estuvieras y te sentí más lejos de lo que estás. Me dolió que no te lo pude decir porque talvez tú también lo necesitabas oír. Me invadió la duda de si te quiero tanto por esas ganas que tienes de conocerme o estas ganas que tengo de conocerte. 

Ayer te extrañé. Y si pienso en ti, hoy te vuelvo a extrañar. 

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