Macarons

Cuando nos dieron la clase de macarons en Vancouver no puse mucha atención. Me acuerdo que hacíamos alrededor de tres recetas diarias; muy probablemente los macarons fueron la tercera del día. En ese momento seguro estaba pensando en otras cosas: si me iba a dar tiempo de ir al banco, si había cerrado la puerta del balcón, si todavía tenía detergente, si mi prima había contestado mi mail… en fin. Recuerdo vagamente la clase, la demo- cuando chef Jay hacía las recetas frente a nosotros, con su sarcasmo habitual y llenando todos los silencios con preguntas como: So… why do we let the chocolate cool down before adding it to the whipped cream?  Anyone?  Don’t be shy, now… que sólo una que otra coreana o japonesa ingenua contestaba con un inglés cuestionable pero dándose a entender perfectamente: ‘Um… so it doesn’t go… like this, like down… Right, chef? Like down?’

No lo disfrutaba como chef Jay, pero aun así me encantaba verlas. ‘Exactly, Aiko!…Exactly!’, contestaba chef Jay con una sonrisa.

Exageraban sus ademanes porque habían descubierto que la comunicación era mucho más fácil así, y era incongruente porque no tenían personalidades extrovertidas. Mientras aleteaban lo que estaban tratando de explicar, tenían las caritas al rojo vivo. Alguna vez noté que a una se le salió una lagrimita de pena. Ella era mi favorita. Se llamaba Sylvia, pero sus papás la llamaban Chun Shui. Eso es típico. My name is  Chang Huo Sho, but you can call me Chuck. 

Total. Me acuerdo que las instrucciones eran hacerlos con duya, del tamaño de una loonie, o sea, una moneda de un dólar canadiense,  y espolvorearlos con un poco de azúcar para dejarlos secar toda la noche. Al siguiente día, obviamente, los muy pocos que lograron hacer bien la receta la primera vez, y los hornearon a la temperatura exacta, obtuvieron los resultados esperados. Eran como merengues chiquitos, secos, un poco planos y brillositos. A mi me valieron, la verdad. Los tiré, eran una tarea del día anterior, y como algunos habían perdido sus charolas, no los iban a calificar. Recuerdo que se me acercó Chef Paul, el ayudante de Chef Jay, un francés de Marsella, de sesenta y tantos años, gordito, con lentes y pelo blanco, adorablemente sonriente y coqueto. La conversación fue así: ‘Ah, Melisá, where are your macarons?’ / ‘I threw them out, chef.’ / ‘Ah, but why? You didn’t finish them?’ / ‘Finish them?’ / ‘With zee buttercream, Melisá!’ / ‘Buttercream?’ / ‘Ah, nevermind… so distracted! You are in love, Melisá. In love with me!’

Y se fue riéndose. Fue hasta años después que probé un macaron, en Toulouse. Trajeron una caja a la sobremesa. Eran de distintos tonos pastel. Escogí uno verde claro. Tuve que abandonar la conversación para verlo de cerca. Era de pistache, color jade, las cubiertas tenían textura de cascarón y estaban ligeramente infladas como domos, con un brillo muy especial- opaco. Estaban pegadas por un merengue de mantequilla que desaparecía al contacto con la lengua. Era frágil, crujiente, y duraba muy poco; el centro era ligeramente chicloso y competía con lo seco y lo cremoso, para finalmente llegar a un empate, que obligaba a dirigir la vista hacia la caja con la esperanza de que hubiera más.

Me transporté a ese día que tiré la hoja de papel encerado con las filas de macarons pegados, y luego al día anterior, que ignoré la demostración de chef Jay. ¿Esto era lo que me había valido madres aprender? ¿Así de tonta era?

Total. Años después, los estoy descubriendo. Me la he pasado leyendo recetas y haciéndolos en cantidades chiquitas, estoy encantada. Me sorprendo pensando en posibles combinaciones de sabores, porque son infinitas. Me cautivan porque no son fáciles. Todo lo que los rodea juega un papel crucial: la humedad, la temperatura, la técnica, la superficie, el tiempo… Y se hacen con sólo 3 ingredientes: claras, azúcar, y almendras. 

Pero el esfuerzo vale la pena. Estos son de nuez tostada con mantequilla de caramelo. Algo me dice que hoy voy a hacer otros. Esta vez con avellanas.

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4 comentarios

Archivado bajo AGUA

4 Respuestas a “Macarons

  1. ¡Wow! jajaja Pues creo que ya nos iremos leyendo 🙂 Muchas gracias por tu lindo comentario en mi blog. El tuyo también me gusta, tiene mucha personalidad. Yo también amo los macarrones 🙂 La próxima semana estaré en París (ya sé, qué presumida), me voy a comer uno a tu salud.

  2. glasswing

    Gracias! Qué envidia. 🙂

  3. mariana

    MMMMMMMMMMM CREO QUE VALIO LA PENA TANTO NEW RESEARCH SOBRE LOS MACARONS… PORQUE CABE MENCIONAR QUE HE SIDO UNA DEGUSTADORA YA DE VARIAS RECETAS Y HAN SIDOOOOOOOOOOOOOO UFFFFFFFFFFFFF MEJORES QUE LOS DE PARIS JEJEJE
    EN ESPECIAL EL DE CAFE……………………. WOWWWWWW

    LOVE YAAAAAAA MELLLL
    Y QUIERO CLASESSSSSSS DE MACARONS HEEEEEEEE JEJEJEJ

    TE ADOROOO

  4. Ale

    Muy lindo tus macarons, pero danos tu receta favorita para hacerlos! pleaseeeeee

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