Existe un tipo de persona muy particular. Lo he visto lo suficiente como para clasificarlo en ‘un tipo’, tanto así, que me pienso tomar la libertad de escribir un reporte (casi científico) en este espacio, con el exceso de minutos de esta parte de mi día: el punto muerto entre: ya me quiero ir y neta ya me quiero ir.

Esta persona tiene que ser mujer, o tiene que tener más ganas de ser mujer que una mujer. (Aquí debo agregar que si se tratara de un hombre, tendría que ser: intenso, chismoso, inseguro y sin sex appeal. En estos raros casos, todas las características antes mencionadas se intentan disfrazar (inútilmente) con excesos de perfume, prendas particularmente llamativas (en la gama de cálidos) y productos de belleza que se hacen notar: como lip balm más tirándole a gloss, y gel más tirándole a cemento de rasta) (Cerré el paréntesis pero también debo agregar que lo único que me molesta más que una mujer de este tipo, es un hombre de este tipo). Continúo. Como característica indiscutible debe contar con una madurez emocional dudosa, porque por una parte está y siempre ha estado más que lista para fundar (de manera completamente secundaria) una familia, y antes mejor, y por otra no ha podido superar la etapa de dependencia absoluta a sus papás, y si es que no se ha casado, vive con ellos, y si ya se casó, los ve mucho, mucho más de una vez a la semana. Entre sus aspiraciones no se encuentran:

a) Ejercer su carrera exitosamente. Porque no es fácil localizar su título, en caso de que alguna vez lo haya tenido en sus manos. En este punto debo agregar que su tema de conversación favorito no es el de los logros profesionales, y obviamente, menos los femeninos.
b) Descubrir la cura de cualquier enfermedad. Por las horas de laboratorio que puedan privarla de la exposición social y la luz blanca de esos encierros- que se dice que arruga la piel igual que el sol.
c) Romper un récord de cualquier tipo. A menos de que con esto venga una entrevista en la Hola a bordo de un yate, prestado o no, mientras no se hable de las escrituras.

Su prioridad en la vida es, por supuesto, casarse. A la antigüita. Si el diamante es grande, el relato se gesticula exageradamente. Por supuesto se saben los modelos y montajes de cada tienda, y los identifican con envidia en manos ajenas a kilómetros.
No saben cocinar, y la única razón por la que quisieran aprender es para decirlo y para matar el punto del día en que los niños ya se durmieron, el esposo todavía no llega, y la novela todavía no empieza. Tampoco saben planchar pero para eso están las muchachas, bueno, para eso y para todo lo demás, incluyendo todas las labores de mamá, menos la de hacer la tarea con los hijos (sobre todo para no acabar de olvidar los conceptos aprendidos en primaria y revisar mientras los niños razonan que las uñas de acrílico estén bien).

Su mayor ilusión en la vida es asistir a una junta de maestros y padres de familia, para la que planean madrugar lo suficiente como para peinarse con plancha, tenaza y secadora. El maquillaje pretende verse natural. La ropa es elegida un día antes. Los zapatos combinan con la bolsa y son nuevos. No nuevos en Milán, pero sí en esta provincia y con eso es más que suficiente.

Su ilusión intermedia en la vida es ir al súper. Igual de arreglada, pero esta vez con zapatos más sensatos. Los pasillos son pasarelas y los productos de precios exagerados para el lunch de los niños se colocan en la parte superior del carrito, para que estén a la vista de todos.

Su ilusión secreta es encontrarse a alguien con quien hablar de sus ‘bendiciones’. El ‘gracias a Dios’ se usa con más frecuencia que el ‘pues’ y se tiene un orden particular para relatar las últimas noticias (buenas) de cada personaje de su vida- sobre todo los personajes que tiene más cerca y por los que se le puede atribuir más crédito. Cuando por desgracia se topan con alguien que es feliz y que se tiene que salir de su burbuja de bliss para saludar, pero lo hace con gusto, y procede a irradiar sin tratar la absoluta paz interior que tiene, este tipo de persona intenta llevarlo de la mano hacia algún callejón en donde la única respuesta sea una derivación de ‘pues sí… pero ahí la llevo’ o ‘pues si, nimodo’, con preguntas. Cuando todo falla señalan descaradamente las fallas de estas vidas. El tiempo que permanecen ahí, en el pasillo, platicando, depende directamente de lo bien que estén logrando hacer al otro sentir inferior o infeliz. Por cierto, se arriesgan a quedar como idiotas perdiendo el hilo de la conversación por el placer puro de analizar todo lo físico: empiezan en las uñas de los pies y terminan en el corte de pelo. Si hay algo que les gusta de lo que ven, jamás lo halagan. Sólo toman nota para cuando salgan de compras. Si hay algo que no les gusta, lo halagan… para fomentar que la persona siga yendo por la vida así.

Sin importar qué edad tengan, siempre parecen más grandes. Hablan como adultos desde los 14. Claro, con errores de sintaxis y hasta pronunciación, pero con el mismo tono y expresiones aseñoradas, como ‘qué buena onda’ o ‘la chamba’ o ‘no me digas’. Van al gimnasio de 1 a 2 horas diarias, y a veces se dan el lujo de asolearse antes de pasar por la comida económica (en cacerolas propias, sin rastro de inutilidad) y por los niños a la escuela.

No me gusta este tipo de persona.

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5 comentarios

Archivado bajo TIERRA

5 Respuestas a “

  1. Yo digo “la chamba” y “qué buena onda” 😦 jajaja Bueno, ni modo. Sí, entiendo muy bien. Yo justo ahora siento la mala vibra de una persona así que irradia hasta a través del océano y por medio de comentarios a personas conocidas, es decir, hasta indirectamente. Son muy poderosas. Ya me compré mi amuleto para el mal de ojo, eso sí. ¿A ti cómo se te aparecieron?

  2. Zorobabel

    El otro día le pregunté a una chava “de ese tipo” por qué no leía… Se molestó y puso una cara de completa extrañeza.
    Ese mismo fin de semana estuve con otra muy parecida. Mi repulsión fue obvia, en exceso. No puedo imaginar cuántas cosas habrá especulado como razón de su evidente naufragio.

  3. Tema de fondo:
    “De mayor quiero ser mujer florero…” E.B.S
    Saludos muchos y no olvides portar algún repelente de estos especímenes… ¿alguno probado y recomendable?

  4. glasswing

    Elisa: Creo que todo está en la entonación. Y se me apareció en lo que yo vi como un pasillo de superama y ella como una catwalk. jajaja
    JA: Prepárate para ver más. Estamos en la edad de las mesas de regalo.
    Ji: El repelente más efectivo que conozco es preguntarles su escritor favorito. O sea, sacarlas de su zona de confort.

  5. jajajajaja, que buena descripción! en lo personal he conocido a un tipo de mujeres (y hombres!) así que además se quieren sentir “modernos” usando palabras como “vibra” etc. para sentir que no pertenecen ahí; pero lo son: beware some of the new-age bitches! para las cuales leer simplemente no es parte del karma correspondiente a esta vida.

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