(De) coloraciones impulsivas (I)

A todas nos ha pasado. Por la mente y por la tarjeta. No. Por el efectivo. La cajita de colores vivos con una modelo de cara y pelo, con la luz exacta adecuada y la carita que no sé cómo le hacen pero sólo implica una linea: Amo mi color de pelo.
No importa cuántas veces me hayan chuleado mi tono natural. Esas cajitas me siguen y me seguirán llamando, evito el pasillo cuando voy al súper.
Esa tarde que lo compré, en una farmacia, por cierto, lo hice porque fui a comprar también una cajita de Nytol. Sí, de esos días. Tenía toda la intención de hacer el cambio radical (y con cambio radical quiero decir ligero cambio de matiz, porque soy una pinche cobarde, es la verdad) esa misma noche, a la luz de las velas y talvez tomando entre aplicaciones una copa de vino tinto. (Una bomba de sensaciones combinada con el Nytol, por cierto).
Esa noche sólo llegué al Nytol. Después de eso, vi la cajita bostezando y decidí guardarla en el clóset, para algún otro día de emociones en picada.
Ese otro día fue hoy.
Y es que ¿qué mujer no quiere que su tono de pelo se llame Chocolate o Caramelo o Frambuesa?
Hoy fue un día que empezó bien y que se fue arruinando lentamente hasta terminar conmigo buscando esa cajita en el clóset. Estoy segura de que me voy a arrepentir. Pero por lo menos me va a ayudar a poner las cosas en perspectiva, y darme cuenta de que siempre, siempre se puede estar peor. A ver si así valoro un poco todo lo que tengo y sobre todo, el pasado. Hace mucho que no doy gracias por el pasado. Hm.
Se está terminando lo que la caja llama el tiempo de pose, así que me voy a ir a enjuagar el producto tan obedientemente como debería hacer todo lo que tengo que hacer.
El resultado más tarde.
Y ni voy a editar. No escogí tonos rubios, no vaya a ser.

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2 comentarios

Archivado bajo AGUA

2 Respuestas a “(De) coloraciones impulsivas (I)

  1. Elisa

    ¡¡No sabes cómo me identifico contigo en tus últimas dos entradas!! Qué fuerte es eso de los sentidos y cuán liviana hacen sentir la vida o, mejor dicho, nuestra pobre convicción o nuestra “manera de ver el mundo”. Me siento tan frágil cuando un helado de violetas o un vestido nuevo me arregla el día… En fin, cuéntame cómo te quedó el pelo… seguro te ves bien, aunque sí es horrible eso de amar tu color natural y verlo sepultado sin remedio por quién sabe cuánto tiempo… Te mando un beso, ya nos contaremos nuestras melancolías.

    Atte.

    Pelirroja de melancolía madrileña

  2. glasswing

    El tono es indudablemente chocolate, y el químico que lo creó en probetas, indudablemente romántico. Es chocolate del tipo que refleja luz y forma espirales decadentes en forma de fondue. Con el matiz cálido que sólo puede dar el fuego de cuatro velas, prendidas con la única intención de provocar lujuria.
    Increíble que una cajita de 60 pesos sea capaz de satisfacer a una mujer en mayor medida que una persona que la conoce y la quiere.
    Pelirroja… eh? Definitivamente eres más atrevida que yo. O melancólica?
    Amo mi nuevo color natural, jaja.
    Te mando muchos besos.

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