Fallacy of Composition

Fallacy of Composition “From Each to All”. Arguing from some property of constituent parts, to the conclusion that the composite item has that property. This can be acceptable (i.e., not a fallacy) with certain arguments such as spatial arguments (e.g. “all the parts of the car are in the garage, therefore the car is in the garage”)

Ese fragmento pretende explicar mi ausencia.

Perdón por muchas cosas. (Sin orden particular). 1. Por pensar en abrir otro blog y esta vez hacerlo privado. 2. Por pensar eso por las ganas de escribir cosas que no le gustaría leer a algunos de mis lectores. 3. Por no escribir en mucho tiempo con ese pretexto. 4. Por pedir perdón en mi propio espacio. 5. Por pensar ‘si no les gusta, lárguense’ sin saber si les gusta o no, y 6. Por hacerlos leer una lista de perdones innecesarios. Soy incapaz de regresarles esos 20 segundos de vida. Pero talvez soy capaz de hacer que los próximos 20 valgan la pena.

He estado flotando. Es el verbo que más se adecua a lo que he estado haciendo. Porque he estado pasando por arriba de los lugares que tengo la responsabilidad de visitar a fondo, porque he estado dando el mínimo necesario en todas mis actividades y he estado en lo que mi mamá llama ‘la lela’ total. Y aunque sigo en ese estado, y en ese estado no tengo ninguna responsabilidad (entendiéndose por responsabilidad toda actividad que me ayude pagar la renta), decidí venir aunque sea a cambiar la fecha de la última entrada de mi blog. Por si alguien lo había visitado (y ya vi que sí) en mi ausencia voluntaria, apática y prolongada. Perdón por estos otros 20 segundos.

No entiendo muchas cosas: Por qué la semana pasada hacía un calor como de Junio y hoy hace frío como de Octubre, con lluvias como de Agosto. Por qué escribo los meses con mayúscula aunque en español no sea un requisito. Por qué hay veces que tengo tan seguro mi futuro y basta un día para sentir que estoy caminando sobre una cuerda entre edificios. Por qué sigo pensando que si ya voy a llegar tarde es igual llegar una hora tarde que 10 minutos. Y otras preguntas cuyas respuestas no tengo la intención o ganas suficientes de responder.

Estoy ansiosa porque empiece oficialmente el otoño. (Por qué en mi mente las estaciones no se escriben con mayúscula y los meses sí). Estos cambios climáticos me desilusionan de mi país. (Por qué no del calentamiento global, el ecosistema, los astros.) De mi país. Porque en el 20% de las cosas mi país es perfecto para vivir, y con el 20% me refiero a mi familia (mi familia abarcando el 20% de la población total), pero me falla en el otro 80%. Entre el clima y el gobierno estoy hasta la madre. Y no es que sea una sueca que el destino soltó equivocadamente en México, es que no vivo en una de nuestras selvas, vivo en la aridez total con alacranes y polvo alergénico, incluso a finales de Octubre.

Y es que algo tienen los alacranes, que sólo escribir su nombre genérico en un texto me hace dudar. Y sólo he tenido que combatir a uno (sí, es combatir, no pisar), pero con ese bastó: Ya no puedo entrar a mi casa sin escanear con los ojos las paredes, los techos y los pisos, que por suerte son blancos y beige, para asegurarme de que estoy sola y de que lo único otro que respira son las plantas. De noche es peor, por las leyendas urbanas (rurales?) alrededor de su error garrafal de existencia: Que hacen un ruidito particular (como el de las cigarras pero constante), que lo hacen para encontrar pareja (lo que significa que invitan a otros a procrear para poblar mi espacio) y la de siempre: donde hay uno hay dos.

Bueno, por esa razón y otras ya quiero que empiece el tiempo de bufandas y foquitos.  Lo extraño y lo necesito. Empiezo a ver recetas con dátiles y peras y calabazas y crisps y crumbles y me da hasta coraje saber que todavía puedo encontrar mango en el super. Eso no es vivir las estaciones. Eso es como un Groundhog Day todo el año. Es imposible valorar un dátil si se puede encontrar en cualquier mes del año. Sé que es una queja ingrata e infantil.

Adoro dormir con frío. Eso de no despertarme a las 4:00 AM a apagar el aire acondicionado temblando me hace mucho bien. Lo que no me hace tanto bien es haberme vuelto tan obsesiva como para no poder esperarme a que el sartén donde me acabo de hacer un omelette se enfríe para lavarlo. Me alarma darme cuenta de que la página de Blokus se ha convertido en el sitio que más visito, que ya aprovecho cualquier lapso de 5 minutos para jugar, que cada mueble, viga, cubo, edificio y esquina lo convierto, lo roto y lo transporto hacia otro objeto en una posible jugada naranja con morado… y lo más alarmante: que le he empezado a atribuir fuerzas esotéricas al primer juego del día- ese que predice cómo va a ser el resto de mi día.

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