Archivo de la categoría: FUEGO

la emoción

The beginning of the end.

PD. Ya estoy en otra parte.

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El frío (exagerado, pasajero, incomprendido) acompaña mi inútil espera de que crezcas y mis ganas desmesuradas de que entiendas que hasta yo tengo un límite.

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Sueño

Me desgasta la familiaridad de un sueño ilógico, la incongruencia del mundo en los primeros veinte minutos de ojos abiertos y debilidad de mente, la búsqueda del significado de algo insignificante pero tan real que deja un vacío tangible cuando se va- un vacío que nunca ha dejado de estar ahí, cubierto con pintura y retocado cuando llueve, escondido bajo una pila de ropa y tapizado con emociones pasajeras. Me mata la necesidad de cumplir un deseo calladito y cruel para atenuar los colores de las imágenes que me atormentan consciente y me tranquilizan inconsciente, y que me escuchan suplicar que esta nueva vida no termine en cuanto la anterior me despierte, y prometer que esta vez la voy a cuidar como si fuera la última y la primera.


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From major to minor

‘When you’re near there’s such an air of spring about it,

I can hear a lark somewhere begin to sing about it,

There’s no love song finer, but how strange the change from major to minor-

Every time we say good-bye.’

Se sorprende cuando le digo lo que estoy pensando: el acorde que murmura ése árbol hoy, con el viento que pasa a la velocidad exacta y en la dirección exacta entre sus hojas- que están del espesor exacto, hoy , sólo hoy, para los que estén y para los que no estén: es do-mi, con un sol débil, que sólo se distingue o se inventa si se escuchan las primeras dos notas.

Pero pierde el interés rápidamente.

Me voy a dormir con la sensación de que fue un buen día que pudo haber sido mejor, sensación recurrente. Impactante todavía cómo puedo cambiar de sol a luna en menos de dos acciones o intentos de acción. Antes de dormir escucho el mundo que me rodea en lo que los demás llamarían quietud o silencio. La madera se asienta, el aire acaricia mi ventana y silba como siempre, como si fuera un flautista que se acerca y se aleja en una hoja seca de manera impredecible. Escucho las tuberías, y a lo lejos los coches, las llantas que se deslizan, los escapes y la ausencia de las ambulancias en una noche de lunes.

Me despierto con el crujir de la lámina de la terraza. Es tan fuerte que me cubro un oído con la almohada. Así es como siempre sé que el final de la noche está cerca, así es como el mundo decide despertarme antes que el despertador- con una lámina que se estira y encoge milímetros mientras el sol la calienta.

Hoy tiene que ser mejor que ayer, aunque estadísticamente vayan a cantar más ambulancias, y aunque un par de acciones me vuelvan a arrastrar  a las vibraciones nítidas y fluídas de la voz de una mujer que nada entre violines, y que canta palabras que me dibujan lo que siento, exactamente, en el momento exacto, esté o no ahí.

http://www.youtube.com/watch?v=4YgO65s2bl4

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Fragilidad (I)

Se detiene frente a mi como si quisiera decirme algo. Me ve a los ojos y desvía la mirada arrepentido. Me vuelve a ver a los ojos. Le grito con los míos que me puede decir lo que sea, pero no consigo pretender que no lo voy a juzgar. Lo duda, sonríe, percibe por un momento que no está parado en hielo y estoy a dos palabras de sacarlo de ese error. Se recarga con fé, se le estremece la piel de los antebrazos, se retuerce en las ganas de regresar el tiempo. Se rinde cuando por milésima vez no lo consigue. Me mira fijamente y con seguridad reencontrada me dice, perdón. Ninguno de los dos entiende por qué.

Cambiamos de tema. Me vuelve loca. Me mantiene loca. Me dice de mil formas excepto la  literal que lo completo y que si me tiene no necesita nada. Se lo digo de regreso y lo duda, mientras a mi se me deshilacha la certidumbre con cada segundo que le roba sonido a mis palabras.

Me jura sin decirlo que va a tratar de que yo sienta lo mismo, más por instinto que por convicción, le creo y lo acepto. Volvemos a la fragilidad  de una relación estable.

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La armonía de dos acordes, el de paz e incertidumbre. La separación de cada miembro de una familia que lleva despidiéndose años y que apenas encuentra la fuerza para levantarse y arrastrar su maleta hacia su salida aislada sin dejar de mirar atrás, sin sincronía, en busca de cualquier par de ojos que implore implícitamente que se quede, pretendiendo que es la fluidez del suelo la que causa que voltee, y no las ganas desbordadas de regresar el tiempo a tiempos mejores.
La belleza de una decisión tan estudiada y tan errada, la avaricia de no compartir sentimientos por el placer puro, efímero y tajante de conservar las migajas de dignidad perdida, desperdigada hace lustros.
La nostalgia recurrente de la sensación que no puede revivirse a falta de cualquiera de los cinco sentidos que la invocan o el abandono absoluto y voluntario de la emoción transparente que la causa.
La conformidad venenosa y cruel, que nubla las ganas de pelear, que deshace el deseo de llegar a un acuerdo, y que arrasa con cualquier vestigio de cariño aprendido y cualquier promesa de amor incondicional.

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